Socialismo en Bulgaria, ¿es realmente válida la premisa cualquier tiempo pasado fue mejor?

Por las fechas en las que nos encontramos, decidí dedicar el primer post a uno de los períodos más controvertidos de la historia búlgara – el Socialismo. Y si bien éste fue propicio, próspero y con numerosos beneficios para algunos, fue la ruina, desesperación y muerte para otros. Así, decir que fue un periodo largo o corto variará según las creencias ideológicas y políticas de quien lo mencione. Lo cierto es que el socialismo se impuso en Bulgaria en el año 1944 y no fue hasta el 1989 que acabó su histórica trayectoria.

Treinta y un años después de su caída (10.11.1989), la gran pregunta, ¿se vivió mejor durante el socialismo?, queda presente en muchos debates que se pueden encontrar en internet o en los parques del país, donde jubilados (pensioneri) búlgaros se juntan, juegan al ajedrez, cuestionan la juventud y hablan vívidamente sobre política.

Sin embargo, éste no es mi propósito, pero sí defiendo que el conocimiento de un país y sus gentes pasan por su historia. Y más aún, por la más reciente, que es la que aún pesa en la memoria de aquellos quienes la vivieron y la que sigue presente en muchos ámbitos de la vida cuotidiana, en el interior de las casas, en las calles, en las mentes.

Esculturas comunistas

Como en cualquier otra época y en cualquier otro país o continente, la premisa de si tenías dinero vivías bien, es válida. Si tu padre, abuelo, tío, primo, amigo o incluso, tu vecino era alguien con un cargo importante y autoritario, automáticamente tú también gozabas de respeto, autoridad y sobre todo, contactos. Y si al mismo tiempo cumplías las reglas del régimen, no podías pedirle a la vida nada más. Gozarías de los pequeños placeres de la vida, placeres que en aquel tiempo tenían un nombre: CORECOM.

El CORECOM, cuyo nombre proviene del francés – Comptoir de représentation et de commerce, era el equivalente de un centro comercial hoy en día, donde el cliente podía encontrar desde cigarrillos hasta gafas de sol y perfumes. Su prestigio se basaba en el hecho que toda mercancía venía de Occidente y no se podía adquirir mediante la moneda búlgara (LEV), sino que debía ser pagado en dólares o marcos. Es por esto que sólo privilegiados como los que residían en el extranjero o las personas con altos cargos, como por ejemplo, los que trabajaban en el Politburo, podían permitirse comprar allí.

Los CORECOM estuvieron abiertos desde la mitad de la década de los 60 hasta el 1990, época en la que llegó la democracia en el país, ansiada y esperanzadora para unos, odiada por otros.

Gran parte de la mercancía que se importaba en el país balcánico era ya pasada de moda en Occidente y encontraba su lugar en Bulgaria. Sin embargo, esto no incomodaba a los búlgaros quienes, acostumbrados a no tener variedad en ningún aspecto de su vida, deseaban poder al menos acercarse a contemplar las importaciones occidentales. En aquel entonces, en las tiendas de alimentación búlgaras se podía encontrar una marca determinada de pan, una de leche, una de chocolate, un único tipo de chicles, detergente, cigarrillos o café, entre otros. En CORECOM, sin embargo, todo tipo de delicias eran exhibidas para ser vistas con lujuria. Es allí donde, muchos de los búlgaros, vieron por primera vez frutas como el plátano, la piña o la mandarina, muy diferentes en sabor, tacto y textura a las frutas que daba el huerto y la tierra búlgaras. De allí que muchos búlgaros, aprovechando el aniversario de la caída del Socialismo por estas fechas, publican memes en las redes sociales felicitándose a sí mismos por la oportunidad que tienen de poder comprar plátanos en los supermercados desde hace ya 31 años. Una broma con un significado histórico importante.

Museo socialismo Sofia

En los CORECOM los grandes sueños de los más pequeños se hacían realidad: se basaba simplemente en tastar un TOBLERONE o abrir un huevo KINDER, sólo para ver qué juguete les ha tocado. El mismo fenómeno sucedía para los hombres y mujeres. Mientras unos miraban con deleite la botella de whisky de Johny Walker, otros tenían su atención puesta en las elegantes marcas de perfume con nombres franceses e italianos, relojes y tejanos cuyos precios oscilaban entre los 8 y 10 dólares.

Por otro lado, no era así de “fácil” y al alcance de todos gozar de un coche. Para adquirir uno, no hacía falta solamente tener dinero, sino también tener paciencia. Y mucha. En algunos casos, entre el encargo y la compra del coche podían pasar 15 años. En este caso también, la elección de qué marca y modelo de coche conducir no era de lo más variada. Se conducían únicamente coches producidos en Rusia, Checoslovaquia, Yugoslavia o Rumania de la marca Zhiguli, Lada o Moskvitch. Actualmente, según la DGT búlgara (Пътна полиция), hay unos 180.000 coches de la época socialista que aún circulan en nuestras carreteras, aparentemente, también de la misma época. 

Si viajas a Bulgaria te recomiendo visitar uno de los monumentos más emblemáticos que ha dejado el socialismo… Buzludja. Echa un vistazo a mi experiencia aquí.

Por Karina Ivanova.

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